Loquito
Gracias por llevarme en tus brazos durante la huida dándome esa tranquilidad que solo da un padre, mientras tenías conciencia de que cualquier error podría costarte la vida.
Gracias por contenerme siempre, por curarme solo con una caricia cuando por acelerada, desobediente o inconciente volvía con alguna rodilla lastimada del patio de las viviendas.
Gracias por malcriarme como un abuelo, por esos regalitos que esperaba cuando volvías de Uppsala y que eran la excusa perfecta para quedarme despierta hasta tu llegada.
Gracias por esos paseos de los fines de semana con los primos por aquellas rutas en construcción, donde caminábamos horas encontrando bichitos, mirando a lo lejos, imaginado, jugando a cualquier cosa.
Gracias por el tiempo dedicado en cada charla mientras saltabas la cuerda, leías el diario, escuchabas tango o hacías algunos churrascos.
Gracias por ponerte firme un día y hacer que me diera cuenta que el amor también se elije y que el destino se construye y que las decisiones cuestan pero hay que tomarlas.
Gracias por apostar por la libertad en cada momento, por enseñarme su valor y que nada ni nadie puede quitarte ese derecho y que las cadenas son propias.
Gracias por las noches filosóficas, de pensamientos humanos, de la vida, del ser, del tiempo, de símbolos, de construcción y crecimiento.
Gracias por la fuerza y optimismo aún en los momentos más duros y de mayor incertidumbre, y por la entereza y actitud positiva en aquellos donde la muerte nos ganó.
Gracias por el compromiso asumido en cada etapa de la vida, por estar ahí siempre contento y feliz para dar una mano o compartir un momento en familia.
Realmente siento que soy muy afortunada en haber podido tener un padre así que lejos de ser perfecto ha sido un sostén constante y ha demostrado dia a día, su coherencia entre el sentir, pensar, decir y hacer.
Que suerte para mí tener un padre como vos!
Tu frase patentada.
Gracias por contenerme siempre, por curarme solo con una caricia cuando por acelerada, desobediente o inconciente volvía con alguna rodilla lastimada del patio de las viviendas.
Gracias por malcriarme como un abuelo, por esos regalitos que esperaba cuando volvías de Uppsala y que eran la excusa perfecta para quedarme despierta hasta tu llegada.
Gracias por esos paseos de los fines de semana con los primos por aquellas rutas en construcción, donde caminábamos horas encontrando bichitos, mirando a lo lejos, imaginado, jugando a cualquier cosa.
Gracias por el tiempo dedicado en cada charla mientras saltabas la cuerda, leías el diario, escuchabas tango o hacías algunos churrascos.
Gracias por ponerte firme un día y hacer que me diera cuenta que el amor también se elije y que el destino se construye y que las decisiones cuestan pero hay que tomarlas.
Gracias por apostar por la libertad en cada momento, por enseñarme su valor y que nada ni nadie puede quitarte ese derecho y que las cadenas son propias.
Gracias por las noches filosóficas, de pensamientos humanos, de la vida, del ser, del tiempo, de símbolos, de construcción y crecimiento.
Gracias por la fuerza y optimismo aún en los momentos más duros y de mayor incertidumbre, y por la entereza y actitud positiva en aquellos donde la muerte nos ganó.
Gracias por el compromiso asumido en cada etapa de la vida, por estar ahí siempre contento y feliz para dar una mano o compartir un momento en familia.
Realmente siento que soy muy afortunada en haber podido tener un padre así que lejos de ser perfecto ha sido un sostén constante y ha demostrado dia a día, su coherencia entre el sentir, pensar, decir y hacer.
Que suerte para mí tener un padre como vos!
Tu frase patentada.
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