El tiempo se detuvo
La puerta hinchada, el olor a humedad, el frío de lugar cerrado... entré despacio cómo tímidamente. Tal vez con miedo de ver el lugar donde había crecido y que hoy ya no alberga vida.
Allí estaba el piso opaco, las paredes desquebrajadas, la madera mojada y aún algunos muebles. Todo llenito de polvo.
Recorro las piezas mirando y recordando momentos...
Mi cuarto, que historia ... desde las despertadas tempranas un rato antes de ir a la escuela para tomar el antialérgico hasta cuándo se transformó en lugar de estudio y novios.
El cuarto de la ventana ... que cobijó a todos en los primeros tiempos de vida de pareja, al primen nieto, al fofito en sus viajes a Uruguay cuando aún vivía en Suecia.
Su cuarto vacío sin la cama más calentita esa que tenía el olor único de amor de padres y que aproveche hasta que un día me dí cuenta que no entrábamos los 3.
Aquel altillo cómplice de tantas travesuras y buzón de secretos de los tiempos más jóvenes. Lugar dónde me enseñaste a coser y aún recuerdo verte sentada con lentes enebrando con alguna dificultad el hilo en la antigua máquina.
El baño más incómodo del mundo, pero siempre limpio y bien nuestro ... recordaba el apuro para bañarme primero y no tener que secar el piso.
El comedor sin la mesa gigante, aquella que recibía siempre amablemente con un plato caliente a todo aquel que por alguna razón llegaba hambriento o cargando alguna pena que contar.
Y la cocina que emanaba el rico aroma del domingo, alguna pasta, algún guisito o las únicas milanesas y tú allí moviéndote ágil sin pausa para tener el almuerzo pronto a tiempo.
Me paro justo frente al almanaque y me confirma que el tiempo se detuvo aquí. Quedó en los últimos tres meses de tu vida, cuando apenas logrando trasladarte ibas y lo dabas vuelta tal vez pensando si sería la última vez...
Allí estaba el piso opaco, las paredes desquebrajadas, la madera mojada y aún algunos muebles. Todo llenito de polvo.
Recorro las piezas mirando y recordando momentos...
Mi cuarto, que historia ... desde las despertadas tempranas un rato antes de ir a la escuela para tomar el antialérgico hasta cuándo se transformó en lugar de estudio y novios.
El cuarto de la ventana ... que cobijó a todos en los primeros tiempos de vida de pareja, al primen nieto, al fofito en sus viajes a Uruguay cuando aún vivía en Suecia.
Su cuarto vacío sin la cama más calentita esa que tenía el olor único de amor de padres y que aproveche hasta que un día me dí cuenta que no entrábamos los 3.
Aquel altillo cómplice de tantas travesuras y buzón de secretos de los tiempos más jóvenes. Lugar dónde me enseñaste a coser y aún recuerdo verte sentada con lentes enebrando con alguna dificultad el hilo en la antigua máquina.
El baño más incómodo del mundo, pero siempre limpio y bien nuestro ... recordaba el apuro para bañarme primero y no tener que secar el piso.
El comedor sin la mesa gigante, aquella que recibía siempre amablemente con un plato caliente a todo aquel que por alguna razón llegaba hambriento o cargando alguna pena que contar.
Y la cocina que emanaba el rico aroma del domingo, alguna pasta, algún guisito o las únicas milanesas y tú allí moviéndote ágil sin pausa para tener el almuerzo pronto a tiempo.
Me paro justo frente al almanaque y me confirma que el tiempo se detuvo aquí. Quedó en los últimos tres meses de tu vida, cuando apenas logrando trasladarte ibas y lo dabas vuelta tal vez pensando si sería la última vez...
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