El diario abierto
Día a día mientras la lucha era lucha entraba a su casa, abría las ventanas, miraba todo y pensaba si volvería, a veces con ilusión y a veces con temor, generalmente me iba rápido, algunas veces me sentaba en su silla y leía alguna anotación cotidiana de él.
El diario estaba abierto, 24 de enero “obras chinas en dos museos de montevideo”
Los días fueron pasando y el lector se iba debilitando, ya no le quedaban fuerzas, lo aferraba el amor y su espíritu de combate …. un día se soltó, cómo se sueltan las hojas del árbol cuando ya es momento de volar al viento.
Volví a su casa al día siguiente y luego al otro y al otro, lugar que fue refugio de muchos momentos compartidos, de eternas charlas.
El diario seguía abierto esperando al lector.
Se sucedieron las semanas hasta que una tarde lo vi nuevamente, me senté frente a él, lo analicé un rato, recordé al lector aquel día cuando me hablaba con los codos apoyados en sus páginas y yo frente a mi taza de té escuchando, sonriendo, disfrutando.
Sentí fuerza y tuve el coraje para cerrarlo con mucha pena y algo de resignación.

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