Cómo fue?
Cuando pienso en cuáles eran las características de su personalidad, de su ser que lo hacían especial, me surgen algunos recuerdos y algunos ejemplos que me llenan de orgullo, que me hacen sentir muy afortunada de haberlo tenido como padre. Cómo me decía cuando yo era chica con esa mirada amorosa y un gesto de broma “que suerte para vos tener un padre como yo”.
Era incondicional, siempre estaba dispuesto a ayudar por el simple hecho de ayudar, nunca pedía nada a cambio, podías contar con él para lo que precisaras.
Era un tipo con muy buen humor, siempre estaba contento, siempre feliz y en armonía con todo, disfrutaba de la vida, pocas cosas lo sacaban de ese estado, cuando esto pasaba por alguna razón en particular, enseguida encontraba la forma de volver a armonizarse y volver a desparramar alegría.
Sumamente optimista, no había posibilidad de que las cosas no salieran bien en su cabeza, estudiaba las posibilidades era razonador, pero siempre encontraba las estrategias que hacían que confiara en que las cosas saldrían bien, aún en momentos donde toda la razón iba en su contra.
Era centro de unión, unía lo disperso, no buscaba nunca dividir, siempre trataba de buscar puntos de encuentro, puntos en común en lo distinto, lograba entender los extremos y los traía al centro, tenía ese don, nunca renunció a la utopía de una humanidad en paz.
Era muy empático y sensible, siempre lograba sentir e interpretar lo que le pasaba a la persona que tenía en frente y la hacía siempre sentir especial, única, importante. Escuchaba, no daba consejos sino que te hacía preguntas, razonaba contigo, humildemente y las respuestas aparecían solas.
Era consecuente, fiel a su esencia, fiel a él mismo, sentía, pensaba, decía y hacía en una misma dirección, auténtico y comprometido con cada causa por la que trabajó.
Lo más valeroso es que no nació con todas esas virtudes, todas las fue aprendiendo, perfeccionando, se fue moldeando, se fue tallando y el trabajo fue día a día y sin descanso, me consta, sol a sol, prueba a prueba y nunca, hasta el último aliento, dejó de aprender y tampoco de enseñar…
En los últimos años compartimos mucho, fuimos más amigos de lo que siempre fuimos, compinches como él decía.
Y un día se fue, peleando contra la que siempre gana, la que tiene la última palabra, a la que enamoró dos veces con versos y tangos consiguiendo un poco más de tiempo, pero en la tercera se lo llevó.
Y ahora está volando alto y quien sabe en qué universos andará soñando.
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